Cada Historia tiene una historia. Y las vitrinas de mi tienda también la tienen. Divertida, ocurrente, a la imagen de todo lo demás. En 2013 cuando decido lanzar en forma mi marca y abrir mi tienda, al finalizar los trabajos de remodelación no me quedó un centavo para acabar la fachada como habría querido.

Cada Historia tiene una historia. Y las vitrinas de mi tienda también la tienen. Divertida, ocurrente, a la imagen de todo lo demás. En 2013 cuando decido lanzar en forma mi marca y abrir mi tienda, al finalizar los trabajos de remodelación no me quedó un centavo para acabar la fachada como habría querido.


Me habría encantado poner una luz de neón roja con el nombre de la marca anunciado nuestra presencia, estilo Old Las Vegas. Pero no fue posible. La tienda quedó pues virgen de toda inscripción y finalmente el lado anónimo me convino. No era necesario desfigurar la calle. Y en el trascurso de las semanas, después de algo de reflexión, me decidí a llevar este concepto aun más lejos. En lugar de exponer mis zapatos en la vitrina, quise proponerle a mis clientes y a los transeúntes cruzar el umbral de la puerta a través de otro universo. El del juego, el cine, lo imaginario. Bastaba entonces encontrar a las buenas personas para llevar a cabo mi deseo de sorprender. Thomás y Anne Baudeau fueron los dos artistas encargados de esta invitación al viaje.

 ¿ Anne, Thomás, cómo comenzaron a trabajar juntos? Anne: al comienzo no habíamos planeado trabajar juntos, se fue haciendo poco a poco y de manera natural. De hecho Thomás y yo estudiamos en la misma escuela. La Escuela Nacional Superior de Creación Industrial. Thomás: cuando vi a Anne por primera vez fue amor a primera vista. Pero no sabía cómo abordarla. No quería equivocarme. Me inscribí en los mismos cursos, en las mismas prácticas, en los mismos grupos, en los mismos proyectos. Pero extrañamente solo me vio un día en que mi moto resbaló sobre una placa de hielo, justo en frente de la puerta de la escuela. Anne: es verdad, nunca había notado su presencia a pesar de compartir las mismas clases durante más de un año. Cuando deslizó sobre la calzada, creí que era un doble especializado en acrobacias peligrosas para el cine, jamás pené que fuera un compañero de clase. Nos conocimos por accidente.  

Me habría encantado poner una luz de neón roja con el nombre de la marca anunciado nuestra presencia, estilo Old Las Vegas. Pero no fue posible. La tienda quedó pues virgen de toda inscripción y finalmente el lado anónimo me convino. No era necesario desfigurar la calle. Y en el trascurso de las semanas, después de algo de reflexión, me decidí a llevar este concepto aun más lejos. En lugar de exponer mis zapatos en la vitrina, quise proponerle a mis clientes y a los transeúntes cruzar el umbral de la puerta a través de otro universo. El del juego, el cine, lo imaginario. Bastaba entonces encontrar a las buenas personas para llevar a cabo mi deseo de sorprender. Thomás y Anne Baudeau fueron los dos artistas encargados de esta invitación al viaje.

 

¿ Y diseñaron vitrinas desde que culminaron sus estudios?

Anne: no. Yo comencé fabricando instrumentos. Mi padre era director de orquesta. Cuando niña le había inventado toda suerte de instrumentos musicales a Borís Vian. Como decía mi padre, el único límite es la imaginación. Le vendí algunas invenciones a Rémy Bricka. De ello viví durante algunos meses.

Thomas: yo toqué contrabajo en una banda durante muchos años. Tuve un cierto éxito. Pero este oficio no impresionaba a mi futuro suegro. Vivía de noche, un ritmo incompatible con la vida de pareja. Me dediqué entonces a mi primera pasión: los autómatas. Construí obras increíbles de hasta diez metros de altura, pero puesto que vivíamos en una buhardilla, el desarrollo de objetos de gran formato era complicado.

¿ Anne, Thomás, cómo comenzaron a trabajar juntos?   Anne: al comienzo no habíamos planeado trabajar juntos, se fue haciendo poco a poco y de manera natural. De hecho Thomás y yo estudiamos en la misma escuela. La Escuela Nacional Superior de Creación Industrial. Thomás: cuando vi a Anne por primera vez fue amor a primera vista. Pero no sabía cómo abordarla. No quería equivocarme. Me inscribí en los mismos cursos, en las mismas prácticas, en los mismos grupos, en los mismos proyectos. Pero extrañamente solo me vio un día en que mi moto resbaló sobre una placa de hielo, justo en frente de la puerta de la escuela. Anne: es verdad, nunca había notado su presencia a pesar de compartir las mismas clases durante más de un año. Cuando deslizó sobre la calzada, creí que era un doble especializado en acrobacias peligrosas para el cine, jamás pené que fuera un compañero de clase. Nos conocimos por accidente.  

¿ Fue en aquel momento que decidieron abrir su maravillosa tienda de juguetes?

Anne: si fue más o menos en ese momento. Pero ocurrieron muchas otras cosas entre tanto. Tuvimos hijos.

Thomás: queríamos justamente fantasía y poderla compartir con la gente. En París las pequeñas tiendas de juguetes, tan preciosas en alguna época, habían desaparecido. Solo quedaban las inmensas cadenas comerciales (fenómeno que existe aun hoy en día). El arte del juguete desapareció, por un lado, en pro de las tabletas digitales, por el otro fue asfixiado por las súper tiendas para clientes de treinta años. Como si finalmente, no hubiese más niños en las ciudades. Se privilegió el juguete feo, la abominable mercancía en serie. Con Anne decidimos ofrecer una alternativa y hacer soñar a niños y grandes, proponiendo juguetes que respetan su inteligencia. Y luego, pues también teníamos deseos de trabajar en familia.

Y fue así como el azar me llevó hacia ustedes. Una tarde, en búsqueda de un juguete, descubrí su tienda, su universo, y en seguida pensé transponer una parte de su maravilloso mundo a mi tienda. Fui seducida de inmediato por su creatividad y por sus deseos, y sobre todo me encantó su manera de destacarse del resto, de ser diferentes a todo y a todos, de no proponer en ráfagas las mismas cosas vistas y re vistas en cada esquina de la calle. Son unos verdaderos artistas, gente apasionada con la cual da placer trabajar y compartir.


Tienda Filaments - 10 rue Lesdiguières 75004 Paris

 

¿ Fue en aquel momento que decidieron abrir su maravillosa tienda de juguetes?

Anne: si fue más o menos en ese momento. Pero ocurrieron muchas otras cosas entre tanto. Tuvimos hijos.

Thomás: queríamos justamente fantasía y poderla compartir con la gente. En París las pequeñas tiendas de juguetes, tan preciosas en alguna época, habían desaparecido. Solo quedaban las inmensas cadenas comerciales (fenómeno que existe aun hoy en día). El arte del juguete desapareció, por un lado, en pro de las tabletas digitales, por el otro fue asfixiado por las súper tiendas para clientes de treinta años. Como si finalmente, no hubiese más niños en las ciudades. Se privilegió el juguete feo, la abominable mercancía en serie. Con Anne decidimos ofrecer una alternativa y hacer soñar a niños y grandes, proponiendo juguetes que respetan su inteligencia. Y luego, pues también teníamos deseos de trabajar en familia.

Y fue así como el azar me llevó hacia ustedes. Una tarde, en búsqueda de un juguete, descubrí su tienda, su universo, y en seguida pensé transponer una parte de su maravilloso mundo a mi tienda. Fui seducida de inmediato por su creatividad y por sus deseos, y sobre todo me encantó su manera de destacarse del resto, de ser diferentes a todo y a todos, de no proponer en ráfagas las mismas cosas vistas y re vistas en cada esquina de la calle. Son unos verdaderos artistas, gente apasionada con la cual da placer trabajar y compartir.


Tienda Filaments - 10 rue Lesdiguières 75004 Paris

 

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