En un arranque decidí un día dejarlo todo e irme, en plena primavera, a California, aterrizaje Los Ángeles. Fui a un concesionario de automóviles. No quería una vulgar carrocería moderna. Y, por el valor de un alquiler, compré un Ford Mustang rojo descapotable, con tapicería en cuero blanco. Y me largué.
Sobre una autopista sombría y desierta.
Un viento fresco rosaba mis cabellos.
El olor tibio del colitas
Elevándose a través de la atmósfera
A lo lejos
Percibí una luz inestable
Mi cabeza se volvió pesada y mi vista se nubló
Debí parar para pasar la noche.
 

Y fue ahí cuando descubrí el famoso Hotel California.

Tomé un margarita y me eché en una hamaca con el fin de soñar en lo que iba a hacer de mi vida. Continuar trabajando para una empresa en la que mi creatividad no era valorada o emanciparme. Primero soñé con hacer algo totalmente diferente. Crupier en Las Vegas, profe en el Liceo Francés, hasta pensé en pedir un puesto de camarera en el Hotel California. Lo que quería era largarme, cambiar de vida simplemente. En el curso de la noche, después de algunos margaritas, y discutiendo con portero del hotel, vi las cosas como son: no hacía falta evitar mi destino. Para estar bien y con los pies en la tierra, debía continuar en el sector del calzado, pero hacerlo para mi. Creando mi propia marca, podría llegar a mis fines.

 Y fue ahí cuando descubrí el famoso Hotel California. Tomé un margarita y me eché en una hamaca con el fin de soñar en lo que iba a hacer de mi vida. Continuar trabajando para una empresa en la que mi creatividad no era valorada o emanciparme. Primero soñé con hacer algo totalmente diferente. Crupier en Las Vegas, profe en el Liceo Francés, hasta pensé en pedir un puesto de camarera en el Hotel California. Lo que quería era largarme, cambiar de vida simplemente. En el curso de la noche, después de algunos margaritas, y discutiendo con portero del hotel, vi las cosas como son: no hacía falta evitar mi destino. Para estar bien y con los pies en la tierra, debía continuar en el sector del calzado, pero hacerlo para mi. Creando mi propia marca, podría llegar a mis fines. Había hecho falta que fuera al fin del mundo para que esta solución que estaba allí delante de mis ojos, tan evidente, apareciera tan lógica y límpida. Y si Arquímedes gritó Eurêka cuando comprendió que el volumen de agua que asciende es igual al volumen del cuerpo sumergido, yo grité  YOUPI, cuando comprendí que mi futuro estaba claro: una marca de zapatos, la mía y con mi propio nombre para evitar toda confusión. He aquí pues la historia y el génesis de la marca. Y así como decía Ray Bradbury: " ve al borde del precipicio y salta. Constrúyete las alas mientras caes”. Esta historia merecía pues la creación de un modelo de botín al tobillo adornado con un sol en la parte posterior y de un código promocional excepcional, como puede serlo un cometa, que se llama YOUKA (mash-up de Eurêka y Youpi).

Había hecho falta que fuera al fin del mundo para que esta solución que estaba allí delante de mis ojos, tan evidente, apareciera tan lógica y límpida.

Y si Arquímedes gritó Eurêka cuando comprendió que el volumen de agua que asciende es igual al volumen del cuerpo sumergido, yo grité  YOUPI, cuando comprendí que mi futuro estaba claro: una marca de zapatos, la mía y con mi propio nombre para evitar toda confusión.

He aquí pues la historia y el génesis de la marca. Y así como decía Ray Bradbury: " ve al borde del precipicio y salta. Constrúyete las alas mientras caes”.

Esta historia merecía pues la creación de un modelo de botín al tobillo adornado con un sol en la parte posterior y de un código promocional excepcional, como puede serlo un cometa, que se llama YOUKA (mash-up de Eurêka y Youpi).

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