En mi universo no hay un modelo, una imagen, una palabra, un nombre que no estén ligados a una referencia. Cuando me siento lista para la creación, pienso, lanzo las redes a mi océano cultural y espero pacientemente a que una idea muerda el anzuelo. Me destapo una Coca-Cola, me fumo un cigarrillo y milagrosamente las ideas empiezan a fluir, así que las subo a la superficie de mi conciencia. Por supuesto, tiendo a navegar siempre en aguas límpidas, en lagunas paradisíacas, para obtener imágenes positivas.    
Para esta nueva primavera, he querido ampliar la familia y regalarle una hermanita al modelo Kaktus, para  que se sienta menos solo, para que aprenda a compartir y a vivir la vida en comunidad. Así que, como debe ser, con placer y no como una obligación, cada zapato tiene una historia. He aquí la de Kaprisky, botín sublime que alegrará su existencia. Mi infancia transcurrió al ritmo de Starfix, la revista de frikis que hacía la gran diferencia entre el conocimiento de un ratón de cinemateca y el amor sin complejos por las series con monstruos a bajo costo, como Street Trash.
Hubo un número de dicha revista, cuya portada si mal no recuerdo era Vivir sin Aliento (Al Final de la Escapada de Godard pero Made in USA). Lo que sí recuerdo muy bien es un artículo en el que me enteré de que se trataba del remake de una película que no conocía entonces. Era el mes de junio de 1983, y lei la columna sobre este film que parecía muy sexualizado con una estética bastante publicitaria. Rápidamente y sin haberlo visto en acción, percibí la actuación de Richard Gere, limitada a la de un limpiavidrios: pestañeo e inclino la cabeza. Y junto a él, la sensación, una joven francesa desconocida para mi, una chica que había logrado ser contratada para una película norteamericana. Yo era muy joven, pero me daba cuenta de la proeza de salir de la nada y entrar por la puerta grande a Hollywood.
Entre tanto me enteré de que había rodado antes con Jean-Marie Poiré. Pero sea lo que sea, Kaprisky estaba en California y era la garantía francesa para una película que incluso habría salido bien de no haber sido una fotocopia de su original. Yo era demasiado joven para verla, pues abundaba de escenas de sexo, como las películas posteriores de Valérie. Porque entre La Mujer Pública de Zulawski y Una Gata Ardiente de Christopher Frank el año siguiente, es difícil para una niña asistir a la proyección de una de esas películas donde el sexo es omnipresente. Era la época de los 80’s, del pop erótico que contó con películas de ambiente húmedo como 9 semanas y Media. En mi adolescencia todo ello me despertó los sentidos.
Así que de ahí viene el nombre de mi hermoso botín que hará de tus pies unas joyas de pureza. Viene de una bella actriz, cuyas películas nunca he visto, pero que me hace fantasear desde entonces.

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